Un dolor incontenible. Una bronca inexplicable. Bastaba un empujón, pero nuevamente dimos el paso hacia atrás en vez de darlo hacia adelante. Lo cierto es que la selección argentina perdió la final de la Copa América con Brasil por 3-0 en Venezuela y despertó nuevamente a esos viejos fantasmas que no la acosaban desde el último torneo continental.
Mucho podrá decirse, pero el sentimiento generalizado de desazón sobrevolará por mucho tiempo. El equipo del Coco ganó toda la previa de la Copa, pero a la hora de reafirmar su valía, careció de argumentos. Presentó desacoples defensivos que no se veían desde hace mucho en el equipo nacional. Riquelme no pudo asociarse ni con Messi ni con Tevez y terminó cayendo en el ostracismo. La joya del Barcelona jugó mucho para sí mismo pero poco para el equipo y el delantero del West Ham inglés buscó por todos los medios pero siempre chocó contra una defensa brasileña muy bien plantada. En el medio Mascherano volvió a calzarse el overol pero se vio sobrepasado por los veloces contrataques de Robinho , Wagner Love y Daniel Alves.
Quizás la ventaja de tres goles sea exagerada, pero lo cierto es que Brasil superó claramente al equipo argentino. Tácticamente planteó el partido de modo que se juegue a lo que la verdeamarella propusiera y no de otra forma. Aprovechó las constantes subidas de los laterales argentinos para atacar por las bandas. Y utilizó para su provecho los espacios a las espaldas de los zagueros, donde se ubicaron tanto Love como Julio Baptista.
Hoy los argentinos afrontamos una nueva decepción. Se comenzará a hablar, como es común en casos de eliminación, de recambio de jugadores o de planteos tácticos.... aunque nada quita la decepción. Pero esta pasará, y habrá que renacer con más fuerza que antes, porque un 2 de Julio de 1982 también quedábamos eliminados contra Brasil, en España ... y ya conocen como siguió la historia.
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