Difícil se hizo la espera. Larga, lacerante. Casi eterna. Pero como casi todas las cosas en esta vida tiene un final. Incluso esta nebulosa en la que viven(imos) en cierta época del año los que, como alguna vez describió un famoso columnista de radio, tienen(emos) este "problema". Se sienten casi "perdidos" en él. Pero siempre hay luz al final del túnel, o mejor dicho, hay luz dentro de la escotilla. Porque lo cierto es que el pasado 31 de enero se estrenó en los EEUU la cuarta temporada de la serie que fanatiza a grandes, medianos y chicos por igual. Claro está, nos referimos a la odisea del grupo de sobrevivientes del vuelo Oceanic 815 ( el famoso eight-fiftheen), comandados por Jack, secundado por Kate y Sawyer. El grupo donde John Locke es visto como un villano por algunos y respetado por otros. El grupo que Benjamin Linus busca constantemente separar, sembrando la semilla de la discordia en búsqueda de sus propios y oscuros fines. Por si alguien todavia se siente "perdido", nos referimos a Lost.





Nuevos capitulos, nuevos conflictos. Incluso antes de estrenarse la cuarta temporada debió lidiar con el problema recurrente en toda la tv hollywoodense del momento: la famosa huelga de guionistas. Huelga que afectó a la serie al punto de que solo hay ocho capítulos escritos hasta ahora. Pero ya dentro del argumento en si ¿recuerdan donde habia quedado todo? Hagamos memoria. Charlie Pace, aquel músico frustrado y que su historia de amor-odio con su hermano tanto nos recuerda a la constante batalla de egos de los integrantes de Oasis, arriesga su vida luego de que Desmond le dijera que ésta era la unica forma de que Claire escapara de la isla sana y salva. Su sacrificio le permite a Jack contactarse con el barco de la recién caída del cielo Naomi y asegurarse el ticket de salida para todos en la isla. Pero antes de morir Charlie se entera de que los integrantes del barco de Naomi no son los desinteresados rescatistas que dicen ser y, en un último y desesperado esfuerzo, se lo comunica a Desmond a través de la escotilla de la estación sumergida, en una de las escenas más impactantes de la saga. Con este conflicto se inicia la nueva temporada.





Ahora surge el problema de que creer. Esto plantea un conflicto de fe a gran escala en momentos desesperados. De esto en parte se trata Lost. De un grupo de personas lidiando constatemente contra la ínfimas posibilidades de retornar a su hogar, tomando decisiones en base a suposiciones y hechos que tienen tan poca lógica que parece que cualquier camino que se tome guiará al punto de partida nuevamente. Es el paradigma del comportamiento humano en condiciones de encarcelación o de desconocimiento del medio. Y eso es lo apasionante. Porque el espectador no solo quiere saber si van a salir de la isla o no. También quiere saber qué es la isla. Cuáles son sus secretos, qué es lo pasa por la cabeza de los autores. Todos juegan a ser el dueño de la verdad. Todos quieren ser el que tenga una teoría mas acabada del conflicto verdadero. El análisis apasiona, es el ingrediente extra de Lost. Pocas veces una serie de tv dio tanta rienda suelta a la imaginacion del que la ve, potenciando ideas sobre el cómo, cuando y especialmente, por qué. Casi se podría decir que cada espectador es el sobreviviente que falta. Las identificaciones con los personajes están a la orden del día y suman en esta ecuación que da fanatismo como resultado. Las personalidades son tantas y tan disímiles que cada uno tendra a su favorito, proyectando quizás como se manejaría la propia persona en un ambiente similar, que no necesariamente tiene que ser una isla del Pacífico, puede ser una oficina de trabajo o un grupo de amistades.



Un nueva temporada comienza con las renovadas expectativas que esta serie supo crear en todos sus “fieles”. La apuesta ahora para los autores será la de revalidar los pergaminos, de no matar al proyecto que promete revolucionar todo lo que se venia haciendo hasta ahora en materia televisiva. Publicidad, internet, downloaders, merchadising y demas yerbas acompañan a este buque insignia. Solo nos queda observar atentamente cada detalle, tratando de no perder pisada y hasta lograr generar nuestras propias teorías. Quien sabe, a lo mejor alguno de nosotros descubre el gran misterio...
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La cara de Tom Brady inunda los avisos publicitarios. Cualquier mención relativa al futbol americano automaticamente se relaciona con el rubio quarterback de los Pats que va camino a coronar "su año perfecto". Dieciocho partidos ganados al hilo, la ofensiva mas demoledora de la historia de la liga, un mariscal de campo que ya se codea con los mejores de la historia y que va rumbo a romper el record de Joe Montana. La conclusión a la que cualquier persona llega es definitiva: los New England Patriots NO PUEDEN perder el Super Bowl. No hay forma. Incluso lo reflejan las casa de apuestas, donde el triunfo de los de Brady paga menos de la mitad que el triunfo de "los otros". El rival de turno. El último escollo de los dirigidos por Bill Bellichick rumbo a la historia. Pero a veces, solo a veces la lógica matemática no aplica en la vida. A veces el débil puede ver en su debilidad una posibilad y explotarla para dejar enmudecido al mundo entero, literalmente. Y mucho menos si hablamos de deporte. Cualquier técnico de fútbol, básquet o rugby debería grabar el Super Bowl XLII para mostrarlo a sus dirigidos cuando se cree que un partido o torneo ya esta ganado, o cuando los favoritismos son tan claros que pueden nublar la razón de los jugadores. Porque lo cierto es que ayer los New York Giants, los "otros", le arrebataron el Super Bowl a Brady y sus Patriots. Le arrebataron la historia en una demostración de más de una hora de juego, estrategia, garra y de ese sentimiento que solo los grandes demuestran, que es el de no dar nada por perdido aun en los momentos en en que las circunstancias son adversas. Los vencieron por 17-14 con una excelente tarea de su quarterback Eli Manning y de su linea defensiva que no dejo pensar a Tom Brady. Si, ese mismo que iba a hacer historia.




El partido comenzó trabado. Ya desde el comienzo se notó que Brady no estaba en su mejor noche y que sin él brillando la mejor ofensiva de la liga quedaba considerablemente diezmada. Ese es quizás el problema de los equipos que son manejados por cracks indiscutidos: crean una gran dependencia en él y ante la ausencia o bajo nivel se quedan sin argumentos. Ante la duda véase el ejemplo Boca-Riquelme. Los Giants se adelantaron en el marcador a través de un gol de campo pero rápidamente los Pats pusieron las cosas en su lugar anotando el primer TouchDown del Super Bowl de la mano de su corredor de potencia Maroney. Con el 7-3 los equipos se fueron al descanso a intentar dilucidar la forma de abrir la defensa rival y los espectadores se quedaron disfrutando el show de Tom Petty.



En la segunda etapa se desató toda la carga emocional. Brady encontró a Randy Moss en la zona de anotación y adelantó a los Patriots faltando 2:45 segundos para el final, dejando a su equipo 4 puntos arriba y a los Giants con 83 yardas por recorrer en ese corto tiempo. Parecía una quimera. Pero allí apareció el MVP del día. Como hiciera su hermano Peyton el año último, Eli Manning sacó a relucir todas sus condiciones de líder y se graduó de estrella al sacarse de encima a por lo menos 4 rivales y despacharse con un pase por el medio del campo que encontró a David Tyree para el 1ero y 10, en una atrapada que quedará para la historia como una de las grandes atrapadas de los Super Bowl de todos los tiempos. Luego de eso el menor de los hermanos divisó a su mejor corredor, Plaxico Burress, libre dentro de la zona de anotación y hacia allí envió su pase. Con 30 segundos por jugar el triunfo estaba sellado. Ya las calles de Nueva York se llenaban de color, de las tribunas comenzaba a caer el papel picado rojo y blanco y los periodistas de todo el mundo hablaban de "hazaña". Bill Bellichick corría hacia su vestuario, sin ganas de ser espectador del festejo que lo tendría que haber tenido como protagonista. Se iba... aunque el partido no había terminado.

El 3 de Febrero quedará marcado en la historia como el día en que los Giants se hicieron Gigantes. Como el día en el que se cayeron definitivamente los favoritismos, el día en el que quedo demostrado que a las individualidades favorecen al equipo, pero nunca son el equipo. Y sobre todas las cosas que los partidos se ganan en la cancha, no en los comerciales, en el boca a boca o en las casas de apuestas.

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